Cómo conseguir que la dieta no fracase

No existe y nunca existirá una manera unilateral para conseguir nuestros objetivos, cuando de dietas se trata. Como practicante de patrones alimenticios para adelgazar desde una edad muy temprana (8-9 años) y lectora de innumerables libros sobre métodos, además de artículos, no puedo hacer lo mismo que hacen otros: pretender que la herramienta que he diseñado se convierta en una teoría absoluta sobre dietética y nutrición y que mi fórmula sea única para la pérdida de peso.

Pero puedo exponer, desde mi punto de vista y experiencia, las pautas que hay que seguir para que un cambio de hábitos dietéticos (control de la ingesta energética) para la pérdida de peso, no fracase.

1) Debemos comer todos los alimentos que nos gustan y disfrutar de la riqueza gastronómica.

Burger  Uno de los mayores problemas a la hora de imponernos una forma de bajar de peso, es que existen alimentos que nos han prohibido durante el período de adelgazamiento, bajo la promesa de que, una vez perdidos todos esos kilos, volveremos a llevar una alimentación normalizada. Pero lo único que se consigue con estas pretensiones es, o que la persona desista de su intento, o que el efecto rebote esté servido en bandeja después del tratamiento.

2) Debemos tender a la vida normalmente activa y practicar un ejercicio regular que nos guste.

Cardio

  Nuestro organismo está diseñado para el movimiento y el ejercicio y así es como se mantiene un metabolismo eficiente, se promueve la salud y se prolonga la vida. Claro que vivimos en sociedades que nos empujan a la comodidad y la pereza. Hay personas que son capaces hasta de ir a comprar el pan en automóvil, aunque la panadería esté a diez minutos andando. Los derechos adquiridos de la sociedad de consumo nos hacen perder el sentido común en muchos aspectos y favorecer un deterioro prematuro del organismo por inactividad.

3) No podemos marginarnos socialmente. mesa de gala

   Cumpleaños, cenas con parientes o con la empresa, comidas especiales, etcétera.
¿Por qué las personas con sobrepeso no tienen los mismos derechos sociales, a la hora de comer, que los demás? Es completamente absurdo, injusto y contraproducente. Así no se consigue avanzar en la pérdida de peso sino todo lo contrario. 

4) La forma de comer se debe adaptar al individuo, no al revés.

   CadenasEl sometimiento a unos dictámenes inflexibles nos conduce al desistimiento, más tarde o más temprano. Cada persona posee sus propias circunstancias, gustos y costumbres. Pretender que todo el mundo puede y debe cumplir con unas pautas dietéticas específicas, sin personalizar, totalmente rígidas, como si fuese la única vía posible para perder peso, es inútil a medio y largo plazo, aunque muy conveniente para los que se ganan la vida con el mercado del adelgazamiento. Si nos volvemos esclavos de una forma de alimentación determinada, fracasaremos irremediablemente.

5) Hay que guiarse por el apetito de una manera natural.

Apetito

 No siempre tenemos el mismo apetito. Otro de los tantos problemas de las dietas de adelgazamiento, es la obligación de comer más cuando no tenemos mucha apetencia y comer menos cuando tenemos hambre, sin posibilidad para la autorregulación o algún tipo de flexibilidad que nos permita adecuarnos a las circunstancias del momento. Esta situación es totalmente insostenible a largo plazo.

6) Cambiar nuestra relación con la comida y nuestros conceptos sobre alimentación.

  ¿Cómo, por qué y cuándo comemos? Son preguntas que nos deberíamos hacer para analizar nuestros patrones alimenticios y costumbres, así como nuestra actitud hacia la comida y los horarios. Con esto conseguiremos adaptar la herramienta para perder peso a la realidad. Por lo pronto, es importante desechar la idea de que hay alimentos que “engordan” y otros que “no engordan” e incluso “adelgazan”, ya que son creencias generalizadas pero profundamente erróneas, que tenemos implantadas debido a la información que nos llega de todas partes. También debemos cambiar las ideas que tenemos sobre “comer mucho” o “comer poco”, ya que son percepciones totalmente subjetivas, que dependen de muchas cosas y del apetito.

Por otro lado, el análisis de nuestras emociones y la relación que tenemos con la comida, es una tarea importantísima a emprender cuando nuestra intención es bajar de peso. Tal vez algún tipo de terapia nos pueda ayudar en ese sentido.

7) Adaptarse a la economía.

Monedero

  Muchas veces nos encontramos ante un tratamiento dietético que implica gastar más dinero del que tenemos, comprando productos que se salen de nuestro presupuesto mensual para la cesta de la compra. Alguien que esté económicamente ajustado, no comerá carne, pescado o aves cuando el especialista lo indique, por la sencilla razón de que no se lo puede permitir. Pero no sólo eso, el mercado alimentario es muy cambiante y existen los productos de temporada, los comunes, las ofertas y las delicatessen. Es decir, que pretender aplicar unas pautas rígidas ante un mercado y una vida cambiante, es de lo más absurdo. La herramienta para perder peso ha de ser tan flexible como nuestro bolsillo.

8) Flexibilidad y autorregulación.

  Casi lo más importante a la hora de proponernos bajar de peso, es sentir que somos libres para comer de una manera u otra, más o menos cantidades según nuestro apetito y las circunstancias, y también para comprar, cumplir con unos horarios, etcétera. Lo que no funciona y nunca ha funcionado es que nos prohiban, nos limiten, nos impongan, tanto cantidades como horarios, alimentos y demás. Tampoco funciona cuando, después de un castigo corto, nos dan un premio determinado (por ejemplo, comer dulces los domingos), porque previamente hemos estado mucho tiempo sometiéndonos a un estrés innecesario y antinatural. Siempre he tenido la sensación de que los especialistas que aplican el sistema de recompensa, son los más perversos (sin ánimo de ofender a nadie), ya que saben a ciencia cierta que nos están sometiendo a una tortura alimentaria y con su “benevolencia” se suben en el pedestal del paternalismo gratuito y se creen por encima de los “pobres obesos”, que necesitan de “sus favores dietéticos” para poder ser personas “normales”. Sé que es una percepción un tanto personal, pero si lo analizamos, no va muy desencaminada.

Dolores Latorre

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