El mito de la caloría

Los expertos lo tienen claro; según ellos, existen calorías vacías, calorías de buena calidad y de mala calidad. El público escucha y lee sus opiniones de reconocido prestigio e intentan ceñirse a las recomendaciones dietéticas, para llevar una vida más saludable a través de la alimentación y no padecer sobrepeso u obesidad. Pero cuando se habla de la caloría o, mejor dicho, de la kilocaloría, yo no estaría tan segura de tratar a esta famosa señora de la forma en que la tratan los que hablan de ella con conocimiento de causa.

SOPA

En primer lugar, la caloría no existe. En este punto se preguntarán ustedes qué quiere decir esto. Pues es sencillo de explicar, ¿existe el litro, el metro, el kilogramo? No, no existen, porque son unidades de medida teóricas. Lo que existe es el litro de agua, el metro de tela y el kilogramo de naranjas. La caloría tampoco existe, porque es una unidad de medida de energía calorífica. Pero sí existen 100 kilocalorías de manzanas o de pan. También podríamos hablar de kilocalorías en forma de proteínas, hidratos de carbono o grasas, ya que todos aportan energía cuando se ingieren con la dieta. A partir de aquí, nos preguntamos constantemente o nos obligan a cuestionarnos muchas cosas, como “¿qué es mejor, 100 kilocalorías de proteínas, de carbohidratos o de grasas?” o “¿es preferible consumir 200 kilocalorías de pastel o de filete? Pero no se puede responder directamente a esta pregunta, puesto que antes tendríamos que aclarar el aspecto de “mejor o preferible con respecto a quién o qué”. De la misma manera, cuando decimos que algo “es altamente calórico” o es “bajo en calorías”, no estamos haciendo una valoración lógica, porque no establecemos una comparativa de esas kilocalorías con persona o cosa alguna, sino que lo decimos porque estamos convencidos de que, cuando se trata de este asunto tan “dietético”, debemos establecer un juicio de valor determinado, debido al repertorio reiterativo de los especialistas. Pero esta valoración se basa, simple y llanamente, en prejuicios alimentarios.

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Lo que ocurre es que en este asunto hay un problema que nunca se ha intentado salvar: la kilocaloría, como unidad de medida energética, no se diseñó para el campo de la nutrición, así que durante décadas, los especialistas y cualquier persona que quisiese quitarse kilos de encima, se han ceñido al conteo de las mismas sin obtener los resultados deseados. Además, con el agravante del aumento de sobrepeso y obesidad en las sociedades desarrolladas, y la alarma sanitaria que despierta, las élites de la nutrición andan dando vueltas en círculo, intentando que no padezcamos todas esas enfermedades que provienen del deterioro físico al que nos transporta la opulencia alimentaria y la tendencia sedentaria, no necesariamente en este orden, ya que el sedentarismo es tan o más dañino que una alimentación presuntamente inadecuada.

Así que no, no existe la caloría vacía, la caloría de calidad buena o la caloría de calidad mala, ya que es un ente inexistente en el que todo el mundo cree, como creíamos en Papá Noel cuando éramos niños. Sí, estoy queriendo decir que la interpretación que damos los especialistas en nutrición y dietética a la kilocaloría, es inmadura, carente de objetividad científica. Es como si tomásemos el litro y, de pronto, le diésemos unas propiedades que no tiene e hiciésemos juicios de valor acerca de él, como si existiesen “litros de buena calidad y litros nefastos”. ¿El litro de qué y con respecto a qué o quién? Así que es lo mismo decir que “existen calorías buenas y malas”. Lo que quiere decir que, hasta los propios especialistas, tienen en mente a la kilocaloría como una señora con entidad propia, a la que se le puede (y se le debe) dar una valoración positiva o negativa.

Por tanto, si no cambiamos el enfoque generalizado y empezamos a hablar correctamente, sólo conseguiremos que las personas sigan confundidas con respecto a un tema tan importante como la alimentación y la salud.

Dolores Latorre

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Una respuesta a El mito de la caloría

  1. Manuel dijo:

    Cuanta razón, hay que desmitificar estas afirmaciones que tenemos tan arraigadas pero que todos sabemos que no son verdad, siempre nos estamos preguntando ¿esto engorda?, ¿esto no engorda?… todo lo que comemos engorda, sólo tenemos que conocer las características de lo que comemos y el porqué de las cosas.

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